Semillero, el Toro Más «Negro» de los Encierros de San Fermín

El día 10 de julio de 1947, en el celebrado encierro de San Fermín un toro de la ganadería de Antonio Urquijo llamado Semillero acabó con la vida de dos de los participantes en el mismo, Casimiro Heredia y Julián Zabalza.

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Ni antes ni después de Semillero un toro había acabado con la vida de dos corredores en los encierros, siendo hasta la fecha el suceso más trágico de los mismos.

Al iniciarse el encierro, el toro se quedo rezagado de la manada en la calle Estafeta momento en el que se encontró con Casimiro Heredia que había tratado de llamar la atención de morlaco, y eso le costo la muerte.

Casimiro que había corrido espléndidamente al lado de los toros, una vez sobrepasado por ellos no se percato de que uno de ellos se encontraba rezagado.

Relajado en la carrera Heredia sintió el asta de Semillero que se cebó con el mozo envistiéndole de un lado a otro de la calle hasta la muerte del corredor.

Julián Zabalza, un joven de Zubiri, esperaba mientras en la plaza la llegada de los toros. Semillero llegó muy rezagado y Zabalza saltó a la arena de la plaza para tratar de meter el toro en chiqueros.

Semillero le corneó antes de que éste llegara al burladero. Tras ser corneado, cayó al suelo donde fue recogido por otros mozos quienes le condujeron a la enfermería. Allí murió.

El toro siguió sembrando el pánico entre los corredores, empitando de gravedad al mayoral del ganadero Chopera, Teodoro Lasarte, en la entrada del callejón, al introducir una de sus astas debajo de su axila izquierda.

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Semillero, una vez encerrado, sería uno de los toros que participaría en la tercera corrida de feria formada por los diestros Gitanillo de Triana, Manolete y el torero navarro Julián Marín, que fue el «afortunado» al que le toco en suerte dicho toro gracias a su subalterno el Cubano que fue quien saco la papeleta con el número del toro que le correspondía.

Semillero fue un toro muy bravo durante la faena y el diestro navarro le hizo una gran faena de muleta coronada con un soberbio volapié que lanzó patas arriba al morlaco.