La Línea Maginot

Después de la Primera Guerra Mundial, los países europeos quedaron traumatizados por el gran número de muertos que causó la guerra de posiciones, contando con que no hubo bombardeos aéreos de importancia. Las tres grandes potencias europeas Francia, Alemania de Italia sabían que el Tratado de Versalles era sólo una tregua y que tarde o temprano el conflicto volvería a comenzar.

Francia continuó considerando que su enemiga Alemania podía repetir la guerra y quiso tomar medidas preventivas, y lo hizo asumiendo que una próxima guerra sería igual a la que recién terminada, pero con armamento más sofisticado.

Tras largas discusiones los altos mandos militares llegaron a la conclusión de que debían crear una barrera a lo largo de la frontera con Alemania, una especie de Muralla China armada, para impedir una nueva invasión con grandes ejércitos equipados con armas automáticas. Una línea de defensa a lo largo de la frontera alemana que fue bautizada con el nombre de Línea Maginot.

Como la mayoría de los altos jefes militares franceses eran sexagenarios o más, el criterio del Mariscal Joffre se impuso ante los jóvenes Paul Reynaud y Charles DeGaulle, impulsores del desarrollo de la aviación y de los vehículos blindados. Joffre obtuvo el apoyo del Mariscal Petain y André Maginot convenció al gobierno de construir las defensas fortificadas por él propuestas. Maginot era también un veterano de la Primera Guerra Mundial, Ministro de Guerra desde 1928 hasta 1932 y un convencido de que esa guerra no se habría librado si su línea fortificada hubiera existido en 1918.

La línea de fortificaciones de 400 Km. de extensión, desde el Rin hasta Bélgica, no cruzaba el Bosque de las Ardenas, porque los mandos franceses lo consideraban inexpugnable e imposible de cruzar, y porque Francia y Bélgica habían firmado una alianza militar en 1920 que le autorizaba a los franceses a desplegar sus fuerzas en territorio belga, en caso de agresión por parte de un tercer país.

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Cuando los belgas deshicieron el tratado en 1936, declarándose neutrales, los franceses se vieron obligados a extender sus defensas lo largo de la frontera belga, pero esa línea no tenía los mismos parámetros de seguridad que el resto de la Línea Maginot, en especial si se le comparaba con la existente en los alrededores de Metz, Lauter y Alsacia.

Las obras se empezaron en 1930 con un coste de tres mil millones de francos. La Línea Maginot contaba con tres zonas distintitas. La primera zona contaba con una red fija de puestos de observación y de contención, obstáculos antitanque, alambradas, ametralladoras y piezas contra carro, todo con acceso subterráneo.

La segunda zona consistía en fortificaciones para asegurar una línea continua de obstáculos, para evitar infiltraciones. Los fuertes fueron construidos para mimetizarlos con el paisaje, pues las cúpulas de acero de 50 cm. de espesor apenas sobresalían del terreno, armadas de cañones de medio y grueso calibre, torretas con periscopios, pozos de los que emergían ametralladoras y cañones de pequeño calibre, todo ello circundado por profundas zanjas con alambradas, trincheras y obstáculos anticarro.

En el subsuelo, entre murallas de cemento de 3 a 4 metros de espesor, se encontraban las instalaciones para alojar l personal, enfermerías, almacenes, centrales eléctricas y telefónicas, ascensores e instalaciones de ventilación y calefacción.

La tercera zona defensiva estaba constituida por 108 fortificaciones de mayor tamaño y complejidad, construidas cada 15 Km., armadas con cañones de grueso calibre, cañones y armas destinadas a la defensa cercana. Una red de trenes subterráneos comunicaban todo el sistema a través de 100 Km. de galerías para permitir el traslado de armas, municiones y personal de un lugar a otro según las necesidades.

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