Por Qué Buscamos a Nuestra Media Naranja

Contaba Aristófanes que, en un principio, la raza humana era casi perfecta. Los seres eran esféricos como naranjas; tenían dos caras opuestas sobre una misma cabeza, cuatro brazos y cuatro piernas que utilizaban para desplazarse rodando.

Estos seres podían ser de tres clases:

  1. Compuesto de hombre + hombre
  2. Otro de mujer + mujer
  3. Y un tercero (el ‘andrógino’), de hombre + mujer.

pareja media naranja

Su vanidad les llevó a enfrentarse a los dioses creyéndose semejantes a ellos. Zeus los castigó partiéndolos por la mitad con el rayo; y mandó a Hermes que a cada uno le atara la carne sobrante en torno al ombligo.

Ya repuestos, los seres andaban tristes buscando siempre a su otra mitad, y si alguna vez llegaban a encontrarse con ella, se enlazaban con sus brazos hasta dejarse morir de inanición.

Zeus, compadecido por la estirpe humana, ordenó a Hermes que les girase la cara hacia el mismo lado donde tenían el sexo:

De este modo, cada vez que uno de estos seres encontrara a su otra mitad, de esa unión pudiera obtener placer y si además se trataba de un ser andrógino pudieran tener descendencia.

Desde entonces nos vemos condenados a buscar entre nuestros semejantes a nuestra media naranja con la que unirnos en abrazos que nos hagan más «completos».

Sin embargo, Zeus amenazó con cortarnos de nuevo en dos mitades, para que así, caminemos dando saltos sobre una sola pierna, en caso de que la raza humana no aprenda a respetar sus propios límites y a superar su peligrosa arrogancia.

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