La Viuda del Acusado, que Pase

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Manuel Fernández Martín no tenía ningún título pero ejercía como si los tuviera. Y así, sin título alguno, llego a ser ponente y fiscal cuando la legislación franquista exigía ser abogado para tal puesto.

Como ponente fiscal participo en alrededor de 4000 sentencias de las que un 25% fueron sentencias de muerte. Eso fue una vez acabada la guerra, antes se hizo pasar por médico y con el puesto de alférez médico participó en operaciones durante los 6 meses que ejerció como tal hasta que en 1937 pasó al Cuerpo Jurídico Militar – puesto que ejercio sin ser abogado -.

Pero donde «mintió» más fue como ponente en Consejos de Guerra en los que asesoraba al juez (que no tenía por que tener conocimientos legales). Y asesoraba sin conocimiento y con costumbres que mostraban la gravedad de su mentira. Un ejemplo de ello era como atendía en sus oficinas a las mujeres de los acusados, a las que recibía como: «la viuda del acusado, que pase».

Su mentira no fue descubierta hasta 1964 cuando gestores de la Universidad de Sevilla certificaron que era cierto que había estudiado allí, pero que sólo había aprobado 3 asignaturas del primer curso de derecho.

Dos años después se le condenó a un año y seis meses, con el atenuante «que no pretendió causar daños de tanta gravedad». Murió poco después sin  estar en ningún momento de acuerdo con la sentencia que no entendía.

Más tarde se supo como había conseguido el título de abogado. Lo hizo solicitando por carta al presidente del Colegio de Abogados de Cáceres un certificado que le acreditase como «una persona de conducta intachable y afecto al régimen». A este certificado le añadió «y está matriculado en este colegio de abogados». Con este documento consiguió el ascenso, y cuando alguien le pedía su expediente académico se excusaba diciendo que se lo habían quemado durante la guerra.

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