El Primer Programa Espacial de la Historia

Dr. John Wilkins planificó su propia misión lunar hace cuatro siglos, era un periodo dorado para la ciencia británica. El vacío aún no se había descubierto. Y en 1640, volar a la Luna era una posibilidad heroica.

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John Wilkins fue un hombre polifacético y activo. Sus múltiples habilidades intelectuales le granjearon el puesto de director en Oxford, y más tarde obtuvo un empleo similar en Cambridge, convirtiéndose así en el único profesor de la historia que dirigió colegios o facultades en ambas universidades rivales. También fue el creador de la «Royal Society».

En 1654 delineó su teoría, A Worlde in the Moone (Un Mundo en la Luna), una teoría con título muy poético que especulaba con que una misteriosa raza habitaba nuestro satélite.

Wilkins sostenía que el nombre de esta raza de extraños seres se llamaban los Selenitas, y su interés era el de establecer contacto para iniciar rutas comerciales. Para ello desarrolló una serie de curiosos experimentos para emprender vuelo y alcanzar el cuerpo celeste.

Su gran idea era construir una auténtica “nave espacial”, una máquina voladora diseñada como un barco pero con un potente muelle, máquinas de reloj y un conjunto de alas.

La pólvora podría usarse como una forma primitiva de motor de combustión interna. Una carreta, que adornada con plumas de pájaro y resortes, podía ser impulsada por pólvora y tripulada por un hombre, para así alcanzar la luna y poder conocer de cerca a los Selenitas.

El trabajo de Wilkins sobre el viaje a la Luna no fue 100% especulativo: recientemente se han encontrado documentos que prueban que, alrededor de 1654, estuvo investigando su idea experimentalmente.

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Pero, cinco años después, se convenció de que había problemas técnicos y prácticos que tardaría muchos años en solucionar, y comenzó a desencantarse de su proyecto.

Se le hizo evidente que ir a la Luna no era lo mismo que descubrir América, y, en 1670, concluyó -erróneamente- que la tarea era imposible.

El mérito de Wilkins fue extravagante y extraordinario… de hecho llegó a sugerir que la luna no tenía luz propia y que ésta era reflejo del sol.