Carta de Hermann Hesse al Señor M

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Febrero de 1953.

A través de mi impreso se habrá hecho una idea acerca de mi posición, sin embargo deseo enviarle además un breve saludo. Ignoro si será también una respuesta a sus preguntas, pues no las he comprendido del todo.

Inquiere, así lo creo, qué relación tiene Bach conmigo y, asimismo, qué nos importa Jesús a los hombres contemporáneos. En realidad, no conozco en absoluto el aspecto del «hombre contemporáneo». De cualquier manera yo no soy uno de ellos. Viven en la actualidad personas a las que por cierto venero y amo, a las que reconozco absoluta vigencia y nobleza.

Pero la gran mayoría de individuos con los que comparto mi existencia, cuya obra o ejemplo significan algo para mí, cuya presencia me conforta, no viven en este sombrío «hoy» sino en un plano ultra temporal.

Creo que en ‘El Lobo Estepario’ los llamé «los inmortales». Entre ellos se cuentan tanto Bach como Jesús, Lao Tsé y Buda como Giorgione, Corot o Cézanne.

No creo que artista, poeta o pensador alguno sienta de manera diferente: sus camaradas son ante todo los antecesores, aquellos cuyas ideas, metas o ideales viven aún y se conservan bellos y vigentes al cabo de decenios, centurias o milenios, en tanto los emperadores, los reyes, estadistas, generales, los «grandes» de hoy, mañana estarán caducos y nadie se acordará de ellos.

¿Quiénes son hoy el Emperador Guillermo, Hitler, Hindenburg? Quizá pueda extrae algo de esta conclusión. Me alegraría.

Lo saludo cordialmente.

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