Los 5 Primeros Suicidas de la Historia

Marco Porcio Catón, “el Joven”:

Nace en el 95 a.d.e. y fue bisnieto de quién, con el mismo nombre, es considerado por la historia  como el padre de la lengua latina de quién se dijo:

“Este repelente descendiente de esclavos, que necesita demostrar a cada minuto que es más romano que nadie y que será la causa de la destrucción de Cartago, dejará su infame semilla en su descendencia hasta su bisnieto Catón “el joven”, otro loco desquiciado que, como su bisabuelo, traerá la ruina, pero no sobre Cartago, sino sobre la propia Roma”.

Catón “el Joven”, lucho contra Julio Cesar perdiendo en la defensa de Utica. Cuenta la historia que al saber que nada iba a impedir la derrota en la defensa de la ciudad Marco introdujo su espada en su pecho para salvar su honor.

Y no siendo suficiente la herida producida por la espada, el mismo abrió esta con sus propias manos y desgarró sus entrañas.

Aníbal Barca (247 – 183 a.n.e.):

Dicen los que saben que ya a los nueve años Aníbal acompañaba a su padre Amílcar al trabajo. El hecho es que como su padre era un General Cartaginés, el niño jugaba en la mitad de un campo de combate.

No es de extrañar que él mismo se convierta en uno de los más grandes Generales Cartaginenses de la historia. Su destreza fue tal que a él se debe el liderazgo de una de las campañas que más cerca estuvieron de derrotar al imperio romano.

No obstante, traiciones, deserciones y falta de aliados dieron al traste con todo permitiéndole al “Africano” recuperar terreno para Roma y obligando a Aníbal, tras su derrota en Zama, a buscar la protección de Antíoco III con quién trata de atacar de nuevo a Roma con igual desenlace, por lo que el General huye a Bitinia y se acoge a la protección de Prusias.

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“Sin embargo, Roma consigue descubrir el destino de su mortal enemigo, y envía una embajada, de la que forma parte Flaminio, para solicitar de Prusias la entrega de Aníbal.

Temeroso de la reacción que pudiera causar en Roma una negativa, pero sin querer faltar al deber de la hospitalidad, Prusias accede pero diciéndoles a los embajadores que procedan ellos mismos a su captura, ya que no les será difícil encontrar su morada.

Hecho ésto, los embajadores rodean con soldados todas las salidas del castillo. Aníbal, enterado de que no había escapatoria, toma un veneno que siempre llevaba en su anillo y pronuncia sus últimas y célebres palabras Libremos a Roma de sus inquietudes, ya que no sabe esperar la muerte de un anciano.”

Demóstenes (384 – 322 a.n.e.):

Político que se suicido como rechazo a un régimen que toda la vida combatió. Con el término Filípicas se agruparon todos los discursos que escribió contra la política del rey Filipo de Macedonia, con quien se enfrento.

En el 323 Antípatro sofoca su intento de rebelión y le condena a muerte. Huye entonces derrotado a la Isla de Calauria con la sensación de no haber podido cambiar el mundo. El 12 de octubre del 322 decidió envenenarse en el templo de Poseidón.

Safo (600? – 540? Aprox a.n.e.):

Poco se sabe de la “musa mortal entre las inmortales musas” como la nombran en la Antología Palatina, tan sólo lo que de ella cuentan, y aquello que cuentan parece ser que no resulta del todo cierto, por ejemplo su homosexualidad y su salto al vacío para morir en el mar al no ser correspondida por Faón.

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Periandro:

No sólo es el número uno por cronología, los datos indican que posiblemente murio en el 585 a.n.e. De él se dice que siendo rey de Corinto fue el primero en la historia que se rodeo de hombres armados, guardaespaldas, debido a que tenía muchos enemigos.

De hecho su hijo Licofón fue asesinado como medida preventiva para evitar la continuación de la saga maldita que había empezado su padre.