Judas, Racías, Saúl, Sansón y Abimélec. Suicidios Bíblicos

Suicidios bíblicos, alguno como el de Abimélec muy curioso, si se puede considerar curioso el suicidio

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Judas Iscariote

«Entonces Judas, que lo había traicionado, viendo que [Jesús] había sido condenado, sintió remordimiento, y devolvió las treinta piezas de plata a los sacerdotes principales y a los ancianos diciendo: ‘Pequé cuando traicioné sangre justa.’ Ellos dijeron: ‘¿Qué nos importa? ¡Tú tienes que atender a eso!’ De modo que tiró las piezas de plata en el templo y se retiró, y se fue y se ahorcó.

(Mateo 27: 3-4-5)

Racías

«Racías era un anciano de Jerusalén que, cuando iba a ser detenido por las tropas del rey Antíoco, decidió acabar con su vida. Mientras los soldados intentaban forzar la puerta de su casa, él se arrojó sobre su espada, pero con tan mala fortuna que no llegó a matarse.

Apremiado porque sus enemigos ya habían entrado en la vivienda, se arrojó contra las tropas que estaban en el exterior desde el muro más alto de su casa, pero los soldados se apartaron y cayó de bruces en el suelo.

Entonces se levantó malherido y, sangrando profusamente, escapó a la carrera hasta llegar a una escarpada roca.

Desde lo alto y totalmente exangüe, se arrancó las entrañas con ambas manos y las arrojó contra la tropa, sin dejar de invocar al señor de la vida y del espíritu para que de Nuevo se las devolviera. Y de esta manera acabó muriendo.»

Saúl

«Entonces Saúl le dijo a su escudero: ‘Desenvaina tu espada y atravíesarme con ella, para que no vengan estos incircuncisos y ciertamente me atraviesen y me traten abusivamente.’ Y su escudero no quiso, porque tenía mucho miedo. De modo que Saúl tomó la espada y cayó sobre ella. Cuando su escudero vio que Saúl había muerto, entonces él también cayó sobre su propia espada, y murió con él.»

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(Samuel 31: 4-5)


Sansón

«Entonces Sansón dijo al muchacho que lo tenía de la mano: ‘Anda, permíteme palpar las columnas sobre las cuales está fírmemente establecida la casa, y deja que me recueste en ellas.’

(A propósito, la casa estaba llena de hombres y mujeres, además de todos los señores del eje filisteos estaban allí. Y sobre el techo había como tres mil hombres y mujeres que miraban mientras Sansón ofrecía algún entretenimiento).

Sansón ahora clamó a Jehová y dijo:

‘Señor soberano Jehová, acuerdate de mi, por favor, y fortaléceme, por favor, sólo esta vez, oh tu el dios [verdadero], y deja que me vengue de los filisteos con venganza por uno de mis ojos’.

Con eso, Sansón se aseguró contra las dos columnas de en medio sobre las cuales estaba firmemente establecida la casa, y se agarró fuertemente de ellas, de una con la mano derecha y de la otra con la izquierda.

Y Sansón procedió a decir:

‘Muera mi alma con los filisteos’ entonces se inclinó con poder, y la casa vino cayendo sobre los señores del eje y sobre toda la gente que estaba en ella, de modo que los muertos a que dio muerte en su propia muerte vinieron a ser más que aquellos a que había dado muerte durante toda su vida»

(Jueces 16: 26-27-28-29-30)

Abimélec

«Y Abimélec logró llegar hasta la torre, y empezó a pelear con ella, y se acercó a la entrada de la torre para quemarla con fuego. Entonces cierta mujer arrojó una piedra superior de Molino sobre la cabeza de Abimélec y le hizo pedazos el cráneo.

De modo que él llamó apresuradamente al servidor que llevaba sus armas y le dijo:

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‘Saca tu espada y dame muerte, por temor de que digan de mí: fue una mujer quien lo mató.’ En seguida su servidor lo atravesó, de modo que murió.»

(Jueces 9: 52-53-54)