Experiencias Militares: Hans Goebeler, U-505

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«El calor tropical comenzó a hacer que nuestras reservas de comida se estropeasen mucho antes de lo esperado. Por ejemplo, en el momento de zarpar de Lorient, habíamos cargado 3.000 huevos.

En las frías aguas del Atlántico Norte se podía contar con que los huevos durasen al menos dos o tres meses antes de pudrirse; sin embargo, en este clima tórrido, los huevos empezaron a pudrirse en solo un par de semanas.

El capitán decidió que debíamos intentar comer tantos como fuera posible en cada comida. Bien, a algunos de los muchachos de a bordo de verdad les gustaban los huevos y, literalmente, comenzaron a engullir docenas de ellos al día.

Al cabo de unos pocos días ninguno podía soportar la visión de esos pequeños demonios blancos.

Para muchos de nosotros el simple olor a huevos resulto insoportable, aun muchos años después de aquello».

Más tarde el submarino alemán fue capturado por los americanos, en sus reservas de comida no se encontraron huevos.

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