En castellano se suele decir "zapatero a tus zapatos" para poner en su lugar a alguien que trata de hacerse el competente en cuestiones que no son de su incumbencia.
 
En el siglo IV a.C. un pintor llamado Apeles, que a juzgar por la opinión de sus contemporáneos, fue un gran maestro (de hecho, pintó para Alejandro Magno), aunque ninguna de sus pinturas haya llegado hasta nuestros días. Tenía Apeles la costumbre de exhibir sus pinturas en público, y esconderse estratégicamente para escuchar los comentarios de la gente, para así, escuchando y valorando las críticas y elogios recibidos, poder mejorar sus pinturas. Pasó por ahí un zapatero, que criticó el haber pintado pocas tiras en una sandalia. Apeles tomó nota de esto y lo corrigió. Al día siguiente, pasó otra vez el mismo zapatero, y al ver corregido aquello que él señaló como un error, empezó a criticar la pierna pintada. Apeles montó entonces en cólera, y le dijo ásperamente "el zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias" ("Ne supra crepidam sutor judicaret").

Con el tiempo se transformó, en el idioma español, en "zapatero a tus zapatos".
 
Zapatos